miércoles, 9 de junio de 2010
Anunciado en el espejo.
martes, 8 de junio de 2010
.. y cuenta nueva.
Decidió que había sido la primera vez. Que era algo nuevo, y por tanto, desconocido. Y así fue como Ella, que tanto había vivido, empezó de nuevo. Olvido todo el dolor, todas las lágrimas y las penas. Las metió en una caja, la subió a lo más alto del armario, y decidió olvidarse de ella. Y esa fue la primera tarde que la besaron. La primera vez que alguien la abrazó, enterrando la cara en su pelo. La primera vez que paseo de la mano. La primera vez que alguien beso su cabeza mientras andaba. O que la cogieron de la cintura. Fue la primera vez que se ruborizó. Que se perdió en unos ojos ajenos. Y que se perdieron en los suyos. La primera vez que la susurraron palabras de esas que ya nadie dice. La primera vez que alguien la hizo sentir especial. La primera vez que sintió mariposas en el estómago. Que quiso que se parara el tiempo. Que sonrió con esa sonrisa estúpida que delataba lo que llevaba por dentro. Que tuvo ganas de gritar a los 4 vientos un "te quiero". La primera vez que un roce la hizo estremecerse, y que alguien escondió besos en su cuello. Que no la importó hacer algo que no la gustara, con tal de estar con El.. Que se enamoró.
domingo, 23 de mayo de 2010
Había una vez..
miércoles, 5 de mayo de 2010
Y punto.
miércoles, 28 de abril de 2010
Historias para no Sentir..
Despertó. Miro a su lado, y escucho la apenas perceptible respiración de su corazón, que todavía dormía.. Suspiró. Se levantó, y lo tapó con las sábanas. Caminó descalza hasta la cocina, y busco un tarro grande. Lo destapó, lo vació, y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo. Cerró los ojos. Si alguien la hubiera visto en ese momento, habría pensado que estaba loca, sentada en el suelo, semidesnuda, y con un tarro entre las manos. Pero Ella sabía lo que hacía. Se estaba vaciando. Estaba guardando todos aquellos sentimientos que albergaba. Amor. Odio. Tristeza. Felicidad. Melancolía. Todo lo guardó en ese bote. Lo cerró, y lo escondió. Pasaron los días, las semanas, los meses y los años. Vivió tranquila, sin preocuparse nunca por aquellas molestas sensaciones que hacían volverse blandos al resto. Fría y altiva princesa de hielo en medio del desierto. Rodeada de gente, pero sola. Echaba algo de menos. Hasta que llegó El. La cogió de la mano, y no rehuyó el contacto físico, como solía hacer. La miró a los ojos, y no le devolvió una mirada desafiante, sino que bajó la mirada. La abrazó, y no quiso apartarse. Hizo bromas acerca de ella, y Ella, lejos de enfadarse, o hacérselas pagar, rió divertida. Antaño se habría asustado: ¿me iré a enamorar?. Pero ahora no, estaba tranquila, pues sus sentimientos estaban a buen recaudo, en un bote cuyo paradero desconocía, pues había olvidado el lugar donde lo ocultó. Llegó a casa después de una tarde con El. Estaba llena de energía. Puso la música, Su música, a tope, y comenzó a bailar. A gritar. A saltar. Giró sobre si misma hasta perder el control, y cuando cayó al suelo, borracha de adrenalina, lo descubrió con horror: El bote estaba en el suelo. Roto. Podía ver sus sentimientos, encerrados hacía tanto, elevarse en la habitación y acercarse hasta ella, como humo de colores tenues. Se recompuso como pudo, y haciendo acopio de fuerzas, se puso en pie, y recogió el bote. Empezó a notar que el hielo de su corazón se derretía, y que los sentimientos pujaban por ser los primeros en anidar en aquel árido corazón. Inseguridad. Optimismo. Felicidad. Celos. Nerviosismo. Ternura. Y uno por encima de todos, que parecía tener la cara de El por bandera. Alguien llamó a la puerta, sacándola de su ensoñación. Era El. Suspiró. Ahora empieza todo de nuevo, se dijo. Y haciendo de tripas corazón, abrió.