martes, 22 de junio de 2010

Eres tú.

Una vez más no se como hacerlo. Como volver a darte las gracias por todo esto.

“Esto” empezó hace relativamente poco. Nunca podrás decir: somos amigos de toda la vida. Pero te aseguro que me has dado más en un año y poco que mucha gente en mucho más tiempo. Eres todo lo que me merezco, y mucho más. Eres risas, pero también eres apoyo. Eres locura, y eres madurez. Eres todo, y eres más.

Eres el que aguanta mis paranoias más bobas, mis arrebatos más estúpidos. Pero también el que ríe mis gracias menos graciosas, y mis locuras menos normales. Eres el que hace que me sienta cómoda, y que me muestre como soy. Eres el que lee lo que escribo y siempre tiene un halago para mí. Eres el que hace que sonría si sonríes tú. El que dice que salgo bien en las fotos aunque sean horribles. El que sonríe y dice: todo va a ir bien. El que me ve “llorar” y me abraza. El que hace que me sienta protegida, que nada malo va a pasar, aunque cuando te vayas todo vuelva a derrumbarse. Eres eso que sale por las mañanas y me recuerda que debería ser feliz. Eres mi mejor amigo. Eres el que antepone mi felicidad al resto de cosas, aunque ni yo misma lo haga. Eres el que me dice que soy especial. El que me va a comprar la casa, el coche, el novio, y la Play 3 con el juego del oso. Eres el que me hace fotos a traición. Con el que voy a destruir el mundo. El que estudia tan poco como yo. El que me gana a la brisca. Al que le debo collares. El que cuenta las horas y los minutos. El que hace que de cada día guarde mil momentos buenos. Al que le escribo recuerdos. El que escribe sonrisas. Eres uno de los motivos por los que sigo adelante. El que me reconoce logros que nadie más reconoce. El que sonríe si me ve sonreír. El que hace todo lo posible por que lo haga si estoy seria. Al que pongo en mis redacciones de inglés. Eres el que me hace cantar canciones de los Beatles. Al que torturo los oídos con mi música. Eres mi celestina particular. Mi hado madrino, y mi ángel de la guarda. El único que ha creído en mí Siempre. El que nunca me ha fallado. El que hace que olvide las cosas malas. Eres que me lleva a un campo lleno de pulgas y garrapatas, y consigue que me tumbe y sonría. El que cuenta aviones conmigo. El que me lleva en bici hasta el fin del mundo. El que secuestra a mis problemas cada vez que me lleva con él. Eres el que dice que estoy borracha cuando no lo estoy. El de los abrazos que me levantan por los aires, y me rompen las costillas. El que se hace 30 km y me hace llorar de felicidad en año nuevo. Eres el de la lista de cosas por hacer. El de la corbata de los chinos en la cabeza para hacerme sentir menos ridícula. El de: “yo nunca hago nada por ti”. Eres el que se equivoca, porque hace por mi más que nadie. El que siempre tiene un rato para leer la cuerda. Eres que se merece todo y más. El único que sabía donde acabar de leer mi tablón, y el único que se lo merece. El que siempre me va a tener a su lado. Al que quiero con locura. Al que una vez más, tengo que dar las gracias por todo. Eres el mejor, aunque suene a tópico. Eres una de las piezas clave de mi vida. Eres con el que pasaría horas y horas. Eres Todo. Y eres más. Eres genial.

Eres tú.

lunes, 21 de junio de 2010

Locura de soledad, embriaguez de malestar.

Y como lo único que tengo de ti es tu olor, decido hartarme de todo, vaciar mi memoria de pensamientos, y encerrarme en el baño antes de que corran tras de mi, persiguiéndome. Y llenar la bañera de agua, y echar jabón de ese que huele tan bien. Desnudarme despacio, sin prisa. Notando como se me eriza la piel por el frío. Meter un pie. Luego el otro. Tumbarme dentro del agua caliente. Y como no estás, ni aquí ni en ningún lado últimamente, para hacerme sonreír, ni nunca me has dicho que todo va a ir bien, decido olvidarlo y hacerlo yo sola: Construyo un castillo con pompas de jabón, y lo decoro con reflejos de los colores del arcoiris. Me corono con la espuma y me hago un vestido a juego. Y me invento un salón de palacio, y una fiesta en la que solo bailo yo. Y sonrío, ingenua y feliz, sin recordar los problemas que golpean la puerta del baño. Me refugio en mis castillos de espuma, en mis príncipes que nunca existieron, y en mis solitarios bailes de salón. En la luz que entra tímida por la ventana, arrancando destellos multicolor a mis burbujas. Y me da por coronarme reina de mi propio mundo, uno en el que pueda ser feliz sin pensar que hoy tampoco vas a llamar, ni vamos a hablar si no soy yo quien da el primer paso. Me da por ser feliz sin ti. Aunque solo sean 5 minutos. Aunque sepa que las pompas que flotan en el aire acabarán por explotar, y que la espuma será reducida a una ilusión por el agua. Que el agua se quedará fría. Aunque sepa, que, en otro arranque de idiotez, volveré a llamarte yo. Y a pedirte perdón por no ser perfecta. Aunque sepa que no lograré entenderte, que volverás a decirme que no puedes. Que en cuanto abra la puerta, mis problemas me abrumarán, si piedad, de golpe. Aunque sepa que esta noche tampoco podré llorar, aunque quiera. Que no me dirás que me quieres. Pero aun con todo, me armo de valor, me pongo mi mejor sonrisa y decido que me da la gana sonreír, y cantar solo para mi, mientras nadie baila en mi castillo. Mientras las pompas de colores son las únicas testigos de mi locura de soledad. De mi embriaguez de malestar. Del embrujo que me invento para poder sonreir. De los cuentos que me cuento para no pensar en ti..

lunes, 14 de junio de 2010

Impotencia.

Es como cuando estas en la parada del bus, llueve y llega con retraso. Te gustaría gritarle a ese desconsiderado autobús que venga de una vez. Que si no viene ya, cogerás otro. El primero que pase. Sabes que no es cierto, porque ese es el único autobús que te lleva a tu destino, pero aun así, te gustaría gritarlo. Pero te da lo mismo: sigues mojándote, y esperando. Hasta que venga. O hasta que decidas ir andando.
Es algo parecido. Creo que ya me he acostumbrado a que no llames nunca. A que no contestes a los mensajes. A ser yo la que de siempre el primer paso. A las escusas que tal vez no lo sean. A respetar tu apatía, tu falta de interés y tu desgana. A intentar sonreír aunque esto vaya cada vez peor. A justificarte delante de medio mudo, y delante mío. A inventar realidades paralelas que lo hagan todo más fácil. A tus cambios de humor. A esas cosas que no entiendo. A justificarlo todo con un: se le pasará. A aguantar como una campeona que pases a mi lado y la única muestra de que hay algo entre nosotros sea un roce, a veces ni siquiera una mirada. A hacer de tripas corazón una vez más, y decirte que te echo de menos, o que te quiero, para que me contestes un: "quejica :P". A repetirme que todo saldrá bien aunque no me lo crea ni yo. A sepultar a esa parte de mi que me repite que no me merezco esto. La que dice que puerta, que no tendría que aguantar más. Y a hacer caso a esa que dice que igual soy yo la que lo saca todo de quicio, y la que pide más de lo que debe. A no saber nada, y a pasar de todo. A llorar hacia adentro, que para afuera no sirve de nada. A tener los cojones, aun con todo, de mandarte otro sms por la noche, diciéndote que te quiero. Y a dormirme, sin que me hayas contestado, sabiendo que ya no vas a hacerlo, pero con la tonta esperanza de que lo hagas.

miércoles, 9 de junio de 2010

Anunciado en el espejo.

Querida yo:
Alguien tenía que decirtelo. No puedes seguir asi. Hoy es otro día de esos. Otro día gris. Las mismas miradas falsas pintan la mañana. Los mismos desprecios de siempre tiñen las nubes. Las mismas risas fingidas, y las mismas palabras envenenadas a la espalda caen con la lluvia. La misma sensación de impotencia. De que no puedes hacer nada sin la falsedad que reina en el ambiente. Que si eres de verdad no tienes lugar aquí. Que si sabes pensar independientemente, eres inferior. Que si no quedas bien con todo el mundo, o eres popular, no hay sitio para ti. Porque es lo que se lleva ahora: Decir al todo el mundo "Te Quiero" sea o no cierto. Decir los mayores piropos a la cara, y después dar la espalda. Que ya no importan los amigos de verdad, solo los que te dejan comentarios en tu muro. Y si no eres así, te hacen sentir menospreciado, no a la cara, por supuesto. Pero lo hacen. Pero tanta hipocresía también tiene su lado bueno. Te das cuenta de la gente que hace las cosas de verdad. La gente que se acerca por detrás, cuando no la ve nadie, y te da un abrazo. La gente que te pregunta que si ya sonríes, o los que hacen lo imposible por encontrar tus dientes. Los pequeños detalles a los que no das importancia y son los que mayor relevancia tienen. De que es verdad eso que dicen, de que no importa lo fuerte que te golpeen, que lo importante es saber levantarte. Que si te quedas sentada viendo llover tristeza, al final te ahogarás. Pero si te agarras a las pequeñas alegrías, a los buenos momentos, por pequeños que sean, estarás siendo fuerte. Que cuando no puedas más, toma aire y métete hasta en fondo de la corriente. Alguien me dijo una vez que cuando estás en el fondo, solo puedes hacer una cosa: Subir. Pues bien, hazlo. Sube, y nada hasta la orilla. Y una vez ahí, hazte con el pincel más grueso, y con la paleta que más colores tenga. Y pinta tu vida como quieras. Que para algo es tuya. Que si dejas que otros lo hagan por ti, estarás viviendo una vida ajena. Ármate con tu mejor sonrisa y plántale cara a todo. Que tu puedes. Y sobre todo nunca pierdas la esperanza. Porque tarde o temprano, el SOL volverá a salir.

martes, 8 de junio de 2010

.. y cuenta nueva.

Decidió que había sido la primera vez. Que era algo nuevo, y por tanto, desconocido. Y así fue como Ella, que tanto había vivido, empezó de nuevo. Olvido todo el dolor, todas las lágrimas y las penas. Las metió en una caja, la subió a lo más alto del armario, y decidió olvidarse de ella. Y esa fue la primera tarde que la besaron. La primera vez que alguien la abrazó, enterrando la cara en su pelo. La primera vez que paseo de la mano. La primera vez que alguien beso su cabeza mientras andaba. O que la cogieron de la cintura. Fue la primera vez que se ruborizó. Que se perdió en unos ojos ajenos. Y que se perdieron en los suyos. La primera vez que la susurraron palabras de esas que ya nadie dice. La primera vez que alguien la hizo sentir especial. La primera vez que sintió mariposas en el estómago. Que quiso que se parara el tiempo. Que sonrió con esa sonrisa estúpida que delataba lo que llevaba por dentro. Que tuvo ganas de gritar a los 4 vientos un "te quiero". La primera vez que un roce la hizo estremecerse, y que alguien escondió besos en su cuello. Que no la importó hacer algo que no la gustara, con tal de estar con El.. Que se enamoró.

domingo, 23 de mayo de 2010

Había una vez..

Una niña pequeña. Vivía feliz, en su mundo, con su gente. La gustaba sonreír y sentirse querida. Se quería. Y creía que los demás también debían quererla. Pero se cansó de esperar que alguien se lo dijera, y pensó que tal vez no lo merecía. Un tiempo después empezaron a pasar cosas en el mundo de esa niña. El suelo temblaba a veces, y se acercaba peligrosamente a ella. Había manos que la hacían caer y llorar. Palabras que la hacían sentir mal. Que hacían que llorase de noche en su cama, con el único consuelo del abrazo de su almohada. Era demasiado pequeña para llorar, y sin embargo, lo hacía continuamente. La niña fue, poco a poco, volviéndose cada vez más insegura. Dejo de creer en si misma. Creció. Y siempre necesitó que la gente le dijera las cosas buenas. Pero no siempre se las dijeron. Creció, pues, sumida en la inseguridad, en el temor a fracasar, en el miedo a fallar a la gente que quería. Miedo a no ser capaz de hacer las cosas bien. Miedo a no tener nada bueno que ofrecer. Miedo a no ser feliz. Se sintió caer miles de veces. Y no siempre hubo gente ahí abajo para recogerla. Siguió creciendo. Siguió teniendo miedo a sonreír, a la felicidad, o más bien a que se acabara. Llegó a esa época de la vida en la que nada tuvo sentido. En la que se planteó todo lo planteable. Y decidió seguir para adelante, porque no había más opciones. Siempre echó de menos palabras, besos y canciones. Nunca se la dio bien ir de rompe corazones. Siempre fue más bien sencilla. La gustaban las cosas simples, decir las cosas como las pensaba. Y no entendía porque la gente se calla las cosas más importantes. Y sigue sin hacerlo. Hoy es mayor. Tiene su vida, su gente, su mundo. Pero bajo la apariencia de seguridad y control que da, debajo de su mirada tranquila, y a través de sus palabras mesadas, sigue viviendo esa niña pequeña. Y por eso, por las noches, vuelve a abrazarse a la almohada y a llorar. Sigue siendo esa niña pequeña con miedo de sonreír. Esa niña bipolar, que tan pronto tiene ganas de mandar a la mierda lo que no la gusta, y quedarse con las cosas buenas, y ser feliz, como se da cuenta de que no puede, de que no es lo suficientemente valiente como para hacerlo. Esa niña que a veces tiene miedo y otras salta de alegría. A veces en los mismos 5 minutos. Esa niña que siempre se empeña en olvidar las cosas buenas y mira siempre el lado negro. Esa niña que, a pesar de todo, sigue teniendo miedo a ser feliz.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Y punto.

Yo ya no me hundo como antes, ¿sabes?. Por supuesto que lo sabes. Ahora, gracias a ti, se buscar puntos de apoyo, por pequeños que sean, en cualquier lado. Gracias a ti.. ¿Sabes todo lo que te debo? Te debo un millón de sonrisas, y otro medio de buenos recuerdos. Te debo lo que soy, que si sonrío un poco más, y soy un poco menos dura conmigo misma, es gracias a ti. Te debo tener menos miedo a ser feliz, ser un poco más valiente. ¿Sabes porqué? Porque ahora no tengo miedo a casi nada. Porque soy tan egoísta que creo que pase lo que pase, vas a estar tu ahí, con tu sonrisa de siempre, y tus abrazos cura-todo. Porque realmente no sé si soy egoísta o no, tal vez si, pero me haces sentir segura. Como que cuando estoy contigo se para el tiempo, y por un momento no hay problemas, ni preocupaciones. Que creo que podría tirarme una tarde entera en ese sitio, mirando los aviones desaparecer tras la montaña. Simplemente existiendo. Contigo. 2.50. Y lo sabes. Que ya no sé como decírtelo, y que cuando me he puesto a escribir esto, he pensado en porqué no lo había echo antes. Que eres importante. Mucho. Que si tu estás mal, me preocupo por ti, porque no lo soporto, porque no te mereces nada malo. Nada. Porque alguien como tú, que solo da cosas buenas a quien le rodea, se merece lo mejor. Y yo quiero que tengas lo mejor, y aún no sé como, pero cuando lo adivine, ten por seguro que lo tendrás. Porque si. Porque para ti, la luna es poco. Porque te mereces todas las lunas, todos los soles, y todos los satélites y astros del universo. Que es que genial es demasiado corto para definirte. Que podría tirarme horas y horas hablando bien de ti, y no encontraría cosas malas que decir. Pero volvamos al tema. Que gracias a ti me siento segura. Me quiero algo más, y veo que las cosas mejoran. Que aunque te creas que no puedes con mis problemas, eres el mejor remedio. Te cuento las cosas, y parecen menos malas. Porque siempre estás ahí. Con tus ojos alegres, tu andar saltarín, y tus palabras de ánimo. Con esa sonrisa que me alegra las mañanas. Porque cada vez que estoy de bajón, lo notas, o sin pensarlo me llamas o me mandas un sms, que no me espero, y que me alegra el día. O la noche. Que no sabes la de veces que, queriéndolo o no, me has echo feliz. Que eres demasiado importante para mi a estas alturas. Eres parte de este Alma Noctámbula. No se vivir sin ti. Ya no. Y no sé si es mucha responsabilidad para ti, pero aún así, me arriesgo, porque tenia que decírtelo. Que lo eres todo. Y que estoy aquí. Que no se si seré tan genial como tu para eso de ayudar, pero que sabes que estoy siempre aquí. A una llamada de ti. Que ojalá esto dure para siempre. Que te quiero. Y no poco precisamente. Y ya sabes lo que me cuesta a mi decir estas cosas, que soy de guardármelo todo, sea bueno o malo. Pero aquí lo tienes.
Gracias por todo.
Te quiero un mundo, dos, todos los que haya, y me faltan universos.
:)