lunes, 19 de marzo de 2012

Él no lo sabe.

Se levanta por las mañanas para eclipsar al sol con su mirada.Y es que ya puede estar nublado el mundo, que si él sonríe, habrá luz durante todo el día. Luego sale a volar, a llenar sus pulmones de vida. A disfrutar cada segundo, y a hacer que todas las hojas de los arboles se agiten con su olor. A veces canta, y cuando lo hace, incluso el mar deja de sonar para escucharlo. Y se estremecen las olas y enamora a las sirenas. Pasea. Y a veces se le escapa una sonrisa, y me roba el corazón a  mi, que me escondo entre las ramas para verle caminar. Regresa a casa cuando tiene frío. Y busca calor entre las sábanas, extrañando, quizá, algún cuerpo entre ellas. Se duerme cuando bosteza y sueña las cosas más dispares que nadie soñó jamás.Y se queda así sin ser consciente de que todas las cosas que el hombre considera bellas han muerto de envidia, porque no hay nada más bonito que su sonrisa mientras duerme.
Lo que no sabe es que, de un tiempo a esta parte, yo me bebo los vientos por él.

lunes, 13 de febrero de 2012

Nothing but fear.

Si me preguntases ahora mismo que por que lloro no sabría muy bien que contestarte.
Probablemente te diría que porque tengo miedo. Tu preguntarías entonces que miedo de qué. Y yo no sería capaz de contarte sin derrumbarme que a lo que tengo miedo es a perderte, y contigo perder todo lo que has logrado en mi.

Sería incapaz, por ejemplo, de no morir mientras te digo que me dan un miedo terrible estos tres meses sin besarte. Que no soporto la idea de que la distancia influya en lo que sentimos. De que esto se apague. Ni un poco ni un mucho. No quiero. Y me da un miedo atroz que pase. Tal vez debería ser menos niña y más mujer, entender que todo va a ir bien, y que 90 días no son el fin del mundo. Pero no lo soy. Y eso me lleva a otro miedo.

Tengo miedo de no ser suficiente. No solo para tí, que también, me angustia no llegar estar a la altura de lo que buscas, no poderte dar lo que necesitas o esperas. Lo que te mereces. Pero también tengo miedo de no valer para nada. De ser mediocre en lo que se supone que debería ser buena. De salir ahí fuera, y descubrir que el mundo es mucho peor de lo que me imaginaba. Tengo miedo de no ser capaz de vivir de lo que amo. Miedo de que esta incertidumbre dure para siempre.

Y es que tengo miedo a los cambios. Siempre lo he tenido. Y ahora más aún, porque tengo miedo de que esos cambios me alejen de ti, de que nos lleven en direcciones opuestas. Miedo porque parte de estos cambios escapan a mi alcance, y no soy responsable ni causa de ellos. Por tanto no se como enfrentarme a ellos. Tengo la sensación de que me quedan miles de cosas que vivir de tu mano. Millones. Y tengo mucho miedo de que no lleguen nunca, y de que yo no pueda hacer nada para evitarlo.

Tengo miedo de mi misma, tumbada, llorando, sin saber que hacer. Tengo miedo de que tu ausencia me convierta el algo que había dejado de lado. Miedo de que la sonrisa que has grabado en mi cara, desaparezca y se pierda, junto a tu ropa, en tu maleta.

Por temer, también temo a lo que siento. A estar enamorada como jamás lo había estado. A estarlo de verdad. Y a que por eso me duela más. Tengo miedo de que seas uno de los pilares en los que se sustenta mi felicidad, y que la dejes tres meses balanceándose a su suerte, y pudiendo caer.

Tengo miedo a tener que sonreír mientras te beso y te digo que disfrutes tus tres meses de inglés constante lejos de mis brazos.
Porque no voy a ser capaz de hacerlo sin llorar.

jueves, 2 de febrero de 2012

Otra vez.

Hace tiempo que no me dedico un rato a mi misma. A lo que pienso. A lo que siento.
Me he dado cuenta de que han cambiado muchas cosas. Y de que aún quedan muchas otras por cambiar. Y que no tengo ni idea de lo que va a ser de mí dentro de unos meses.
Tengo la sensación de que se me ha pasado el tiempo. Como cuando preparas el examen a unas horas de tenerlo, y sientes que deberías haber empezado semanas antes. Tengo miedo de suspender la asignatura de vivir. De no ser capaz de afrontar lo que me viene por delante. Desde esos tres meses sin sus ojos, y todo lo que vendrá después, hasta las decisiones que condicionarán mi vida.
No sé que quiero hacer. Me he acostumbrado tanto a la realidad idílica que estoy viviendo, que tengo miedo de que de repente se acabe la racha de buena suerte. Tengo miedo del adiós. De despedirme de la ciudad, la familia, y los amigos que se quedan  atrás. Me apena no poder seguir conociendo a la gente que parece merecer tanto la pena. Y distanciarme de aquellos que siempre han estado ahí.
Tengo miedo del cambio, de no saber desenvolverme fuera de mi mundo, de no dar la talla. De no ser lo que se espera que sea. Tengo miedo de que los hasta luego se conviertan en hasta siempre. Miedo. Miedo de sentir y de que duela. Miedo de arriesgar, porque igual ya no me toca seguir ganando. Y lo sé, se que debería vivir en el presente, pero es que el futuro es ineludible. Paralizaría el tiempo. Viviría eternamente entre abrazos y pinceles. Pero no puedo hacerlo. Y en parte eso también me da miedo.
Me da miedo enfrentarme al mundo, porque he visto como puede llegar a ser.
Y me da miedo, sobre todo, volver a tener miedo.

martes, 17 de enero de 2012

In the end.

Supongo que siempre fuimos un poco como el agua y el aceite. Cuando tu me sentías, yo no quería hablar de amor. Y cuando era yo quien suspiraba, tu estabas lejos. Muy lejos.

Será que nunca conseguimos ponernos de acuerdo, que cuando yo iba, tu ya habías vuelto. Y que te despertabas cuando ya me había dormido. Que en la misma canción que yo veía y lloraba sentimientos, tú solo escuchabas acordes que tratabas de emular.

Tal vez fue simplemente que tratamos de vivir, cuando no nos correspondía, la alternativa que imaginamos. Que tuvimos prisa por acabar el cuadro cuando estábamos bocetando el dibujo. Y tal vez por eso,  todo acabó antes de empezar.

Será que no tuvo que ser. Que al final resultó yo no era tu chica. Y tú no eras mi sonrisa. Que en el fondo, no eramos el uno para el otro. 

Será eso. Porque a pesar de todo, Gary Moore ya no habla de ti, y yo soy feliz sin tus palabras.












martes, 3 de enero de 2012

I only wanna be with you.



"Si eres piedra da igual, yo seré pedregoso camino."

Yo quiero ser. Quiero tener sentido en tu vida. Quiero ser el millón de cosas buenas que te hagan sonreír cada mañana, aunque sea lunes. Ser ese nombre que acude a tu cabeza sin que te des cuenta, y te hace sentir bien. Quiero ser parte de tí, seas lo que seas.

Así, por ejemplo, si tú eres cosquillas, quiero ser yo quien las encuentre. Si prefieres ser un sueño, seré yo el bostezo que te anuncie. Quiero ser la piel si decides ser el cuerpo. Las manos cuando quieras ser caricia. 

Quiero ser caminante si tú decides transformarte en camino. Si tú quieres ser canción, quiero ser quien la interprete. Ser tu lluvia si eres la tarde de otoño. Ser faro cuando seas mar, y la calma que viene detrás, si tú quisieras ser mi tempestad. Seré guiño si tu eres los ojos. 

Si me dejas seré la tinta que te escriba cuando quieras ser un verso. La almohada, si tú eres quien duerme. Quiero ser los labios cuando seas beso. Ser la sonrisa, si prefieres tú la boca. Si tú eres pasión, entonces seré yo la cama. Quisiera ser el marco si eres tú la foto. Poder ser las alas cuando tú seas libertad.

Pero no seré solo en lo bueno. Porque si de mi dependiese, serías feliz siempre. Haría lo imposible por que la sonrisa no se fuera de tu cara. Pero es algo que no esta a mi alcance, y como no puedo prometerte más, solo te digo que seré siempre. En lo bueno, y en lo malo.

Por eso también seré lágrima cuando te toque ser sufrimiento. Seré abrazo si lo que buscas es consuelo. Si necesitas hablar, seré conversación. Cuando los malos sueños no te dejen dormir,  yo seré atrapasueños. Seré estrella en las noches oscuras, para que no te pierdas si no ves el camino. Si tienes frío, seré manta. Seré valiente por los dos, si alguna vez tienes miedo. Seré reconciliación si tú tuviste que ser enfado. 


Si me dejas ser, seré para ti felicidad. Al igual que la eres tú para mi aunque me empeñe en evadirlo.


Si eres tú, quiero ser yo. Y quiero ser contigo. 





lunes, 19 de diciembre de 2011

Lágrimas de madrugada.

Hay lágrimas que nacen en mi ojo, se aferran a una pestaña, temblorosas, y deciden perderse por mi mejilla, vagando y mojándola a su paso, rozar mis labios, y estrellarse en mi almohada. 
Y es que hay veces que creo que el alma llora cosas que la mente no entiende. Llora lo que ella solo conoce. A veces pienso que llora los finales alternativos que jamás vivirá mi cuerpo. Y me encuentro a mi misma abrazada a mis rodillas, acurrucada cual pájaro asustado, llorando en la soledad de mi habitación.
Y es en noches como esta, en las que me pregunto si estoy haciéndolo bien. Si no debí haber elegido el azul del mar como color sobre el que sustentar mi vida. Si alguien encontrará la manera de llegar al hueco en el que dejé escondido el corazón. 
Me pregunto si tú, que has conseguido que olvide tantos ojos, y que pronuncie palabras que rompen las promesas que hice a otros colores, me pregunto si serás de verdad. Si no serás otro espejismo más de esos que enturbian mi vida. Me pregunto si me querrás. Libre. Y si te quedarás conmigo hasta el día en que lluevan pianos.
Me imagino, y me pregunto a dónde irán, los besos que no he dado. Las caricias que se me escapan entre los dedos en sueños. Quisiera saber si las recibe tu espalda. U otra espalda. Estoy casi segura de que las lágrimas que caen son la forma que tiene el alma de sanar lo que el cuerpo esconde.
Porque si algo se me ha dado bien siempre ha sido esconder sentimientos. Y es un problema. Porque cuando los necesito, no sé dónde los he dejado. Y lo peor, cuando me encuentran ellos a mi, me pillan desorientada y no sé que hacer. 
Y entonces, tan pronto lloro como río. Tan pronto dejaría el mundo por sus ojos como trato de hacerme la dura. Y es que la duda se siembra en cada noche solitaria. En cada gesto que esta cabecita loca quiere malinterpretar.
Y entonces dejo de entender todo, y mis miedos, que viven agazapados tras las razón, aprovechan para llenar mi sueño de pesadillas. Y es que ya dijo el poeta, que el sueño de la razón, produce monstruos.
Y mi corazón es de esos que gustan de latir a contratiempo. Que no entiende de normas ni de tiempos. Que llora en silencio la falta de sensibilidad del mundo, desgarrándose por dentro, y ansía negligencia más que nada, para ser feliz en la ignorancia del que no conoce ni quiere hacerlo, porque a veces es difícil ver con claridad la realidad. Sobre todo cuando acabas de dejar de soñar.
Y si en algo soy experta es en engañarme a mi misma. Y contarme mil y una historias para olvidarme de que, si mi alma llora, es porque probablemente tiene miedo de que no me eches de menos tanto como te echo yo.



domingo, 30 de octubre de 2011

Maybe WYPless.


-Estáis enamorados?Ah, ya entiendo. Estáis enamorándoos. 
El diario de Noa.


No sé por qué. Pero sonrío cuando hablo de ti. Tu estado de ánimo me afecta. Echo de menos el Buenas Noches si no puedo hablar contigo. Y podría pasarme la vida entre tus brazos. Pero no sé por qué.

Y no se por qué, pero se me eriza la piel solo con recordar el tacto de tus dedos en mi espalda. Al ver ese guiño de ojos. O una de esas sonrisas que se te escapan cuando estamos juntos, y me hacen imaginar que te hago feliz.

Sin embargo sé que se me pone la sonrisa tonta cuando la sombra de las gotas de lluvia del cristal del coche se proyectan en mis brazos como si fueran tus pecas. Y que cada vez que he dormido abrazada a tu piel, he deseado que la noche no acabara nunca.

Que no puedo evitar estremecerme cada vez que imagino la presión en mi cadera de tu mano izquierda, o derecha, dependiendo del lado de la cama que haya conseguido robarte. Tu aliento en mi cuello. El paseo de tus manos por mis caderas.

Que me hacen feliz los arranques de locura, de risas incontroladas. Esos abrazos en los que me abrazas más fuerte. El tacto de tu piel desnuda en la mía. Mi calor en tu cama, el tuyo en mi almohada y tu olor en mi ropa. Cada mirada que me regalas cuando no nos mira nadie.

Me gusta que me des las buenas noches, nuestras despedidas eternas. Ver que nuestra lista de excusas crece. Y saber que sin ellas, voy a seguir viéndote. Cuadrar los planes para sacar tiempo para ti. No saber que es esto, pero saber que me hace sentir bien.

Que me encantan tus cosquillas y la risa nerviosa que siempre las acompaña. Tus juegos sucios. Tus temblores en el momento exacto. Los pequeños suspiros que a veces se escapan entre tus labios. Tus besos y tus abrazos.

Que a veces creo que voy a morirme de ternura cuando me apartas el pelo de la cara, y lo recoges detrás de mi oreja para luego besarme. O cuando me besas la nariz, la mejilla o la frente, y después me sonríes. O cuando te estiras, como en una película americana, para abrazarme mientras vemos la tele.

Que adoro tu olor, tu risa, tus palabras y tus caricias. Tu timidez, pero sobre todo cuando la vences. Tu preocuparte por mi, sin agobiarme. Tus pequeños detalles, que te hacen tan distinto. Tus sobornos, y tu cara de pedir permiso. Las noches en tu cama.

Que daría lo que fuera por poder vivir entre tus brazos, pasar cada noche en tu pecho, despiertos, y ver amanecer cada día. Para volver a la cama y dormirnos después. Y despertarnos tarde, y no tener ganas de salir de la cama nunca.

Que, como dice la canción, lo cambio todo por tus manos quitándome la ropa. Que me encanta tu voz grave cuando cantas, y tus caricias en mi espalda, en mi mano, o en cualquier centímetro de mi piel. Y que dormir a tu lado se ha convertido en lo mejor que puedo hacer una noche.

Y es que no sé por qué.

Pero a veces te miro y no puedo dejar de sonreír. Porque parece que nada va demasiado mal si me estás dando la mano.

Y no se por qué. Pero tengo una teoría. Y es que a la primera fila de mi teclado le sobren la W, la Y y la P.