martes, 4 de noviembre de 2014

Estabas dormido

Te acaricié.
La cabeza, la cara, el cuello, la espalda.
Y lloraba.
Porque igual era la última vez.

sábado, 19 de julio de 2014

Poema de madrugada.

Hablando sobre las relaciones, un buen amigo me dijo que la magia no dura para siempre. Que se transforma en cariño, en confianza, y en respeto.

Y no quiero caer en reproches,
porque ni la culpa es tuya,
ni la culpa es mía.

Pero es que yo te miro y ya no se me corta la respiración.
Me besas y no quiero morirme en tus labios, no sé, no hay pasión.
(Eso cuando nos besamos, claro)

Ya no me olvido de mi nombre cuando me besas
en ese hueco que hay entre mi cuello y la oreja.
Ni me muero cuando tu piel desnuda toca la mía.
Ahora preferimos no dormir abrazados
porque nos damos calor, cuando hace años
nos daba igual si era invierno o verano,
y solo queríamos estar juntos, ser un solo abrazo.

Se nos acabó la magia.
Y la pasión.
Y solo queda el cariño, la confianza y el respeto.

Se nos acabó el amor.
No sé si de tanto usarlo,
o de no cuidarlo.
De dejar de hacerlo.
De dar por sentado que las cosas vienen sin que tengas que preocuparte.
El caso es que se fue.
Al final no fue la distancia la que se lo llevó.
(Fue la cercanía)
El no echarnos de menos.
El acostumbrarnos a querernos,
pero no esforzarnos por hacerlo.

Al final fuimos nosotros quienes lo espantamos.
Y solo quedo amistad.

Pero no puedo seguir haciendo el amor
a alguien que nunca me ha dicho "Te amo"
No puedo seguir entregándote mi vida
porque a estas alturas supone dejarla vacía
No sé donde esta la ilusión que antes nos encendía,
supongo que en un cajón, llena de polvo, escondida.
Esperando otras manos, otros besos, o simplemente,
otra melodía.
Una nueva vida.





Echarse de menos.

Un día me iré. Sin decir nada. Meteré en una mochila un par de abrazos, te besaré mientras aún estés dormido, y saldré sin hacer ruido. Correré hacia cualquier sitio. No sabrás dónde estoy, no te lo diré, porque no lo sabré ni yo.

Entonces me tumbaré en la hierba, cerraré los ojos y hablaré conmigo.

Me contaré todos mis miedos, porque hace tiempo que no me escucho. Haré caso de las dudas que suelo ignorar. Me plantearé mi vida de principio a fin, y aprenderé de cada error. Otra vez. Haré balance de lo bueno y de lo malo, y me preguntaré si he perdido o he ganado. Analizaré lo que quiero, y veré si lo tengo. Si soy todo lo feliz que podría o no estoy buscando el camino que más me llene. Me reconstruiré un poco por dentro, porque desde hace tiempo, dejo que sean otros quienes mantengan mi interior. Me prepararé, quizá, para lo que no quiero. Pintaré sonrisas en mi propio rostro, pues descubriré que es del primero que debo ocuparme.

Y es que he vivido tanto para ti, que creo que ahora me echo de menos.

viernes, 7 de febrero de 2014

RECUERDOS DE LA INFANCIA

"We accept the love we think we deserve."
The Perks of Being a Wallflower

Supongo que intentó irse cuando vio que aquello era más grande de lo que podía soportar. Solo era una niña, pero cerró la puerta a todo lo que la había hecho llorar y se marchó. Ahora que lo pienso, tal vez por eso no lloraba. Quizá había gastado demasiado pronto el saquito de lágrimas que a uno le permiten usar a lo largo de la vida. Tenía mil cosas que ocultar, no por miedo, sino porque creía que a nadie le interesaría saber el porqué de cada una de sus heridas. Pensaba que había gente mucho más fuerte ahí fuera que seguía sonriendo, y que eso la quitaba el derecho de quejarse. Tal vez no entendía que podía permitirse sentir dolor. Que sus problemas, por pequeños que fueran, también merecían ser escuchados. Se había acostumbrado a sonreír incluso cuando no tenía ganas de hacerlo. A decir sistemáticamente que todo iba bien. Casi siempre funcionaba. Ese mecanismo evitaba tener que pedir ayuda, que era algo que costaba demasiado. No por cuestión de orgullo ni mucho menos. Supongo que pensaba que en cierto modo no merecía esa ayuda, aunque la necesitase como el respirar. No, probablemente creía que no se merecía nada.

IGUAL...

Tal vez se nos ha caducado el amor, igual no ha aguantado al frío.
Quizá no ha encontrado el calor, igual solo quería sentirse querido.


Igual es que he estado ciega
Y no he querido ver que ya no nos queda magia
Igual mi mente se niega
A admitir lo que desde hace tiempo se presagia
Igual mi corazón, de la razón, reniega.

Igual ya no sirven de nada
Las cenas elegantes, las palabras obligadas
Igual no es lo que yo esperaba, 
versos de un poeta, embaucadoras palabras.
Igual, solo me conformaba.

Igual me estoy empezando a hartar.
De que ya no haya sonrisas, ni besos en las esquinas.
Igual ya quiero aguantar más.
Que de tus labios solo salgan críticas,

Igual ahora quiero volar.

Igual no quiero que me ates.
Que me quites ilusiones y me impongas opiniones
Igual tenia que haberlo pensado antes
Y no dejar que pasaran tantos años, tantos meses.
Igual no he querido mirar al frente.

Pero es que ahora igual entiendo
Que si no me quieres bien, mejor echar a volar
Igual mañana no te hecho de menos.
Tal vez ya no hay nada que hablar.
Igual ya, hasta me da igual.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Océanos, islas, huracanes y espejismos.

Soy un pequeño océano. Me paso la vida navegando en mis propios pensamientos, y a veces, inevitablemente, me hundo en mi misma.

Si tengo suerte, después de nadar un rato, encuentro una isla en la que creo que todo está bien y me siento a gusto. Generalmente pasado un tiempo la isla se hunde misteriosamente, y yo con ella. Y otra vez me encuentro a la deriva, luchando por mantener la cabeza fuera de todas esas olas que amenazan con hundirme.

Y es que me he bebido tantos vientos por ti, que tengo huracanes en el alma. Huracanes que me impiden nadar con un rumbo fijo. He nadado tantas veces pensando que te encontrabas al final del camino, que a veces creo que he perdido toda la esperanza de que estés realmente ahí cuando no me queden fuerzas para seguir nadando. Tal vez estés esperándome en una de esas islas en las que todo va bien. O tal vez siempre has sido un espejismo que yo me he empeñado en hacer real.

lunes, 8 de octubre de 2012

Un poeta.


Ella quería un poeta.
Un hombre que llamara a su puerta con rosas cuando no hubiera nada que celebrar. Que la conociera como un amigo, la cuidara como un hermano, y la amase como un compañero. Un poeta. Un cazador de sentimientos, que los encerrase en palabras, y se los susurrara de noche, cuando ella no pudiera dormir. Ella, que solo pedía un poeta. Alguien que también supiera afinar su cuerpo para tocar en el las más bellas melodías, pues todo el mundo sabe que los poetas aman la música. Que pudiera desnudar sus miedos más profundos con solo una mirada. Que la ayudara a entender las cosas que fingía que no importaban, pero la quitaban el sueño por las noches. Que saliera con ella a perseguir estrellas. Que la hiciera reír, y que entendiera que cuando se quedaba callada, mirando a un punto fijo, estaba llorando. Aunque no hubiera lágrimas en sus mejillas. Alguien que cogiera su corazón roto, y lo arreglara poquito a poco, con sonrisas, y confianza. Dándole la importancia que merecía. Solo un poeta. Que dejara las ventanas abiertas, para salir a pasear por las nubes. Que la dedicara canciones, y la sorprendiera cada día. Que la abrazase cuando lo necesitara, y la dijera que todo iba a ir bien. Que no la creyera cuando dijera “No me pasa nada”, mientras sus ojos gritasen lo contrario.
Ella quería un poeta.
Un poeta que hiciera un nido en un árbol, y la enseñara a volar.