Me digo que no es para tanto.
Luego me miro en el espejo,
y mi reflejo
se ríe de mi y me dice
- Eso no te lo crees ni tú
Y es verdad.
Lo que mas me asusta es esta calma;
el vacío por dentro
al que no consigo dar forma,
el silencio.
Me angustia
saber que algo dentro de mi esta en ruinas
y no poder llorarlo.
Ya no sé si es por él
que se ha ido
o por mi
que me he quedado.
Pero vacía
Y me asusta.
La calma
me asusta.
Porque no es la calma de estar bien
de la tranquilidad
no.
Es la calma de antes de la tormenta.
Pero lleva meses lloviendo dentro de casa y no sé qué más debo esperar.
Y el vacío, eso es lo peor.
El vacío de no saber que hay ahí
ni aquí
sin sueños
sin motivos.
Me asusta la espera,
el tiempo que ha de pasar hasta que no duela
(y la ausencia de certeza
de que dejara de hacerlo)
Me da miedo quedarme estancada
aquí para siempre,
sin ti.
Sin mi.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
martes, 3 de marzo de 2015
Física Básica
La atracción gravitatoria se define como la consecuencia de
la interacción de dos masas en una distancia específica. En este caso, la distancia es la equivalente al
espacio en el que un susurro es audible en un bar lleno de gente.
Así, las grandes masas ejercen un efecto gravitatorio sobre
las pequeñas. Esta es la razón por la
que cuerpos celestes como sus ojos, que he de aclarar que no son grandes sino
inmensos, son capaces de atraer y
mantener a otros cuerpos, como el mío.
Cuando disminuye la distancia, la atracción gravitacional
incrementa hasta el punto en el que soy incapaz de dejar de mirarle, y la gravedad añadida de su voz, que no es tan
grave, hace que sea físicamente imposible establecer una trayectoria opuesta a
la suya.
Por el contrario, al incrementar la distancia entre los
cuerpos, la fuerza de la gravedad va disminuyendo hasta que dejan de sentirse
sus efectos.
Así que ahora que estamos lejos me iré olvidando nanómetro a
nanómetro de cada micra de su rostro, y huiré a la deriva hasta encontrar otros
ojos en los que orbitar.
domingo, 8 de febrero de 2015
21
Leí hace tiempo que el ser humano tarda 21 días en acostumbrarse
a algo e incorporarlo dentro de su rutina.
Así que me digo que todo va a ir bien, y que solo necesito
que pasen 21 días para que deje de doler.
Para
acostumbrarme a que no haya mensaje de buenos días. Ni de buenas noches.
-Ni de nada.
Me repito que en 21 días habré aprendido a vivir sin ti. A
aceptar que ya no estás en mi rutina, y que aunque me cueste la vida, yo ya no
soy parte de la tuya.
Me intento convencer de que dentro de 21 días, ni uno más ni
uno menos, dejaré de tender lágrimas en mis pestañas y llamarlas por tu nombre.
Que si aguanto 21 días más, dejará de dolerme ver tu nombre
escrito en el calendario, y no se me romperán las entrañas al ver tu cara en
alguna foto.
21 días. Solo tengo que ser fuerte 21 días más, y todo habrá
pasado. No buscaré tu nombre en cada bocanada de aire, ni me sangrará el
corazón cuando no haya respuesta.
Solo 21 días.
Pero lo cierto es que desde que te fuiste han pasado ya
3 meses, 6 días, 5 horas, 27 minutos y 19 segundos
20
21.
lunes, 8 de diciembre de 2014
domingo, 30 de noviembre de 2014
Domingos.
Los domingos contigo eran días de besos y abrazos. De mimos en la espalda.
De intentar dormir hasta tarde pero que tú me despertases pronto. Y yo engañarte y volvernos a dormir. De levantarnos y desayunarnos. Y luego desayunar. Los domingos eran días de churros. Morenos y con azúcar para ti, y medio crudos y sin nada para mi.
Los domingos eran días de comer tarde, y echar la siesta. Y a veces incluso dormirla. De querernos mil veces en el cuarto, y de abrazarnos una película en el sofá.
Los domingos eran días de despedidas de mentira, y de besos de verdad. Los domingos a tu lado eran menos domingos y más sábados.
Ahora son domingos de recordar.
Los domingos dan asco desde que te has ido.
De intentar dormir hasta tarde pero que tú me despertases pronto. Y yo engañarte y volvernos a dormir. De levantarnos y desayunarnos. Y luego desayunar. Los domingos eran días de churros. Morenos y con azúcar para ti, y medio crudos y sin nada para mi.
Los domingos eran días de comer tarde, y echar la siesta. Y a veces incluso dormirla. De querernos mil veces en el cuarto, y de abrazarnos una película en el sofá.
Los domingos eran días de despedidas de mentira, y de besos de verdad. Los domingos a tu lado eran menos domingos y más sábados.
Ahora son domingos de recordar.
Los domingos dan asco desde que te has ido.
sábado, 29 de noviembre de 2014
A veces.
A veces sonrío. Me río y le olvido.
Y a veces echo de menos sus abrazos.
A veces soy fuerte, valiente.
Y a veces cimbreo, me quiebro y me parto.
A veces estoy convencida de que es mejor así.
Y a veces me siento sola y entonces le extraño.
A veces me salen alas, y quiero echar a volar.
Y a veces siento que no se andar desde que él no me coge la mano.
A veces me parece que no duele.
Y es que a veces no soy capaz de recordar lo malo.
Y a veces echo de menos sus abrazos.
A veces soy fuerte, valiente.
Y a veces cimbreo, me quiebro y me parto.
A veces estoy convencida de que es mejor así.
Y a veces me siento sola y entonces le extraño.
A veces me salen alas, y quiero echar a volar.
Y a veces siento que no se andar desde que él no me coge la mano.
A veces me parece que no duele.
Y es que a veces no soy capaz de recordar lo malo.
martes, 25 de noviembre de 2014
TODO
Te lo habría dado todo.
Mis mejores años, mis peores ideas, mis mayores logros, y mis pequeños gestos.
Te habría dado la luna solo por verte sonreír,
Te habría dibujado sueños en la espalda cuando no pudieses dormir.
Te lo habría dado todo.
Los buenos días, las buenas tardes y las mejores noches.
Cada "te quiero" que saliera de mis labios y todos los besos que fuera capaz de dar.
Todos los versos que me cupieran en el tintero.
Te lo habría dado todo.
Habría mantenido cada rayo de sol en mi piel y te la habría ofrecido después, para que tus noches fueran menos frías, y más brillantes.
Habría escondido todas las estrellas para que nada brillara más que tus ojos.
Te lo habría dado todo.
Te habría dado mis días, y mis noches en vela. Te habría dado mi vida.
Te habría dado mis caricias, mis historias y mis sueños. Te habría dado mis miedos.
Te habría regalado mis secretos cada noche, mi sonrisa cada día y mis labios cada hora.
Te lo habría dado todo.
Si alguna vez me lo hubieras pedido.
Mis mejores años, mis peores ideas, mis mayores logros, y mis pequeños gestos.
Te habría dado la luna solo por verte sonreír,
Te habría dibujado sueños en la espalda cuando no pudieses dormir.
Te lo habría dado todo.
Los buenos días, las buenas tardes y las mejores noches.
Cada "te quiero" que saliera de mis labios y todos los besos que fuera capaz de dar.
Todos los versos que me cupieran en el tintero.
Te lo habría dado todo.
Habría mantenido cada rayo de sol en mi piel y te la habría ofrecido después, para que tus noches fueran menos frías, y más brillantes.
Habría escondido todas las estrellas para que nada brillara más que tus ojos.
Te lo habría dado todo.
Te habría dado mis días, y mis noches en vela. Te habría dado mi vida.
Te habría dado mis caricias, mis historias y mis sueños. Te habría dado mis miedos.
Te habría regalado mis secretos cada noche, mi sonrisa cada día y mis labios cada hora.
Te lo habría dado todo.
Si alguna vez me lo hubieras pedido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)