miércoles, 28 de abril de 2010

Historias para no Sentir..

Despertó. Miro a su lado, y escucho la apenas perceptible respiración de su corazón, que todavía dormía.. Suspiró. Se levantó, y lo tapó con las sábanas. Caminó descalza hasta la cocina, y busco un tarro grande. Lo destapó, lo vació, y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo. Cerró los ojos. Si alguien la hubiera visto en ese momento, habría pensado que estaba loca, sentada en el suelo, semidesnuda, y con un tarro entre las manos. Pero Ella sabía lo que hacía. Se estaba vaciando. Estaba guardando todos aquellos sentimientos que albergaba. Amor. Odio. Tristeza. Felicidad. Melancolía. Todo lo guardó en ese bote. Lo cerró, y lo escondió. Pasaron los días, las semanas, los meses y los años. Vivió tranquila, sin preocuparse nunca por aquellas molestas sensaciones que hacían volverse blandos al resto. Fría y altiva princesa de hielo en medio del desierto. Rodeada de gente, pero sola. Echaba algo de menos. Hasta que llegó El. La cogió de la mano, y no rehuyó el contacto físico, como solía hacer. La miró a los ojos, y no le devolvió una mirada desafiante, sino que bajó la mirada. La abrazó, y no quiso apartarse. Hizo bromas acerca de ella, y Ella, lejos de enfadarse, o hacérselas pagar, rió divertida. Antaño se habría asustado: ¿me iré a enamorar?. Pero ahora no, estaba tranquila, pues sus sentimientos estaban a buen recaudo, en un bote cuyo paradero desconocía, pues había olvidado el lugar donde lo ocultó. Llegó a casa después de una tarde con El. Estaba llena de energía. Puso la música, Su música, a tope, y comenzó a bailar. A gritar. A saltar. Giró sobre si misma hasta perder el control, y cuando cayó al suelo, borracha de adrenalina, lo descubrió con horror: El bote estaba en el suelo. Roto. Podía ver sus sentimientos, encerrados hacía tanto, elevarse en la habitación y acercarse hasta ella, como humo de colores tenues. Se recompuso como pudo, y haciendo acopio de fuerzas, se puso en pie, y recogió el bote. Empezó a notar que el hielo de su corazón se derretía, y que los sentimientos pujaban por ser los primeros en anidar en aquel árido corazón. Inseguridad. Optimismo. Felicidad. Celos. Nerviosismo. Ternura. Y uno por encima de todos, que parecía tener la cara de El por bandera. Alguien llamó a la puerta, sacándola de su ensoñación. Era El. Suspiró. Ahora empieza todo de nuevo, se dijo. Y haciendo de tripas corazón, abrió.

sábado, 10 de abril de 2010

..y con sobresaliente.

Dice una canción algo así como "aprende a sonreír aunque quieras llorar". Bien, llegados a estas alturas, no solo has aprendido a eso, ¿verdad?. No, que va. También has aprendido a mentir sin que se note: a ser capaz de hablar cuando las lágrimas atenazan tu garganta. A no llorar, bajo ningún concepto. A ser algo más fuerte. A decir que estas bien y a no sentirte mal cuando nadie se da cuenta de que mientes. Y aunque a veces tienes tu recaídas y lo sigues viendo todo negro, y crees que nada importa y que estás perdiendo las cosas que más te importan, al final agarras una tableta de chocolate, y con una sonrisa en la cara, decides que todo se arreglará. Y se arregla. Porque gracias a la gente de verdad, estás aprendiendo a ver el vaso algo más lleno, aunque a veces tengas tus malos ratos. Y esque si piensas que todo va a ir bien, todo va bien. O lo intentas. Porque aveces, por mucho que lo pienses, todo sigue mal, ¿verdad? Pero, y esto es lo que me asombra, tu sonries. Si, cielo, estás llendo por buen camino. Apruebas la asignatura de sobrevivir. Si hubiera un boletín con la asignatura de "Aprender a sonreir aunque quieras llorar", aprobarías.
Y con sobresaliente.

domingo, 21 de marzo de 2010

La casa de los fantasmas.

El sonido del motor apagándose. La puerta que se abre. El olor de la ciudad que te invade, trayendo recuerdos de veces pasadas. Las voces que se oyen desde la calle. La alegría que se empieza a notar en el ambiente. La puerta del portal, tan pesada como siempre. Las escaleras, viejas, entrañables.El olor del rellano: a familiar, a felicidad. El sonido de la puerta al abrirse, y el de los besos sinceros. El camino que podría recorrer con los ojos cerrados, guiándome por el olor de cada habitación. La sensación de tranquilidad. Las formas que sugieren recuerdos, la cama que me ha oído soñar. Las puertas que se han cerrado con suavidad en la noche, y las que se han abierto furtivamente. El salón, lleno de fantasmas que se niegan a ser olvidados, y que viven dentro de los que visitamos esta casa. Las miradas cálidas que me observan desde las paredes, y que ya no volverán a mirar a los ojos de ningún ser vivo. El mismo baño, que acoge las llamadas a horas intempestivas, mudo y cómplice. La sensación de seguridad, de que nada malo puede pasarme mientras esté ahí. Los mismos nervios cuando sé que va a llegar en diez minutos, el mismo beso rápido, nervioso. Pero cada vez una frase más larga, una mirada más intensa. Un roce más largo. Para luego irse, otra vez, y dejarme inventando sueños, lugares, momentos. Las mismas ganas de echarle de menos. Las mismas risas, distintas bromas. Los mismos abrazos sinceros y cálidos. Distintos libros, pero las mismas posturas. Distintos recuerdos para mi cabeza, pero la misma felicidad. El mismo viaje con música diferente. El olor de los buenos momentos. La fortaleza de los que luchan cuando otros ya estarían vencidos. La felicidad que siempre se respira en la casa de los fantasmas.

domingo, 7 de marzo de 2010

Búscame.

Camino a solas por la ciudad. Despacio, no tengo prisa. A mi alrededor, los ruidos se suceden; las voces desaparecen, los coches se acercan, los tacones lejanos repiquetean contra las baldosas rotas. Gente. Gente con prisa que no mira a los lados, que no se preocupa de nadie, que no piensa mas que en el tiempo que le queda. Gente que no entiendo. Yo, que no pienso en mañana, porque todavía me quedan 24 horas por delante para disfrutar. Yo que soy feliz cuando veo a un desconocido sonreír sin motivo. Yo que me emociono con una canción y que sueño despierta si veo nevar. Yo que adoro las tardes de espera sentada en un banco. Yo que me duermo mirando la luna. Yo que vivo de emociones y me alimento de ilusiones. Yo veo demasiada gente sin sueños. Gente que en su día no quiso aprender a volar, y que por eso ahora ni siquiera puede despegar los pies del suelo. Gente que vive anclada en sus grises edificios, y que no levanta la vista mas que para ver un día también gris, y contaminado. Gente cuya única verdad es la lógica, o en su defecto, lo que le han impuesto. Gente con un espíritu gris, aburrido y programado. No caeré en esa rutina. Cuando la noche caiga, búscame. Estaré el el mismo banco, contando las mismas estrellas de todas las noches. Búscame, y volaremos juntos hasta mi mundo, que está pintado con acuarelas, y en el que el sol brilla día si, día también. Y en el que la luna esta siempre llena. Búscame, y escapémonos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Vamos.

Cógeme a caballito otra vez. Salgamos por la noche. Pero muy de noche, ¿eh? Cuando todos duerman. Y que haya luna. Una luna grande y brillante. Da igual que llueva. Es más, mejor. Que llueva. Quiero mojarme el pelo, la cara, y que las gotas resbalen por mis pestañas, y no sepas si es que solo llueve o si estoy llorando de felicidad. Quiero que pasemos por debajo de todas las escaleras que haya en la calle. Que rompamos todos los espejos que podamos. Que abramos en mi cuarto todos los paraguas que encontremos. Quiero ver un millón de gatos negros pasando por delante nuestro. Y que juguemos a llenar de sal la mesa de la cocina, la del comedor, y la de tu habitación. Quiero pintar un 13 en tu espalda, y que pintes tu otro en la mia. Quiero que apostemos a la carta que menos posibilidades tenga. Quiero sonreir a tu lado, y que nos riamos en la cara de la mala suerte. Porque cuando se me mete algo en la cabeza, Ni ella ni nadie consigue hacerme cambiar de opinion. He decidido que voy a perseguirlo asta que lo consiga. Y últimamente se me ha metido en la cabeza ser feliz..

martes, 2 de marzo de 2010

Ya no duele.

Todas las cosas que ayer me hacían llorar. Ya me dan igual. Todas las risas falsas, y los abrazos de mentira. No me duelen. Porque he aprendido que hay sonrisas que salen desde el interior, y abrazos que transmiten el calor de un sentimiento. Porque hay te quieros que suenan mas sin pronunciarlos, y llenan mas que los dichos por decir. Porque la gente de verdad, hace las cosas de verdad, no por aparentar. Porque he decidido pintar mi cuadro para mi, no para que guste al resto. Porque voy a utilizar mis colores favoritos, no los que ellos digan que quedan bien. Porque esto es cosa mia, no suya.
Gracias, Profesor particular! ;)

miércoles, 10 de febrero de 2010

Perfección.

Concentración. Ternura y firmeza en los movimientos. Suavidad y decisión. Presión. Pasión. Levantas la mano con suavidad. Repasas los movimientos anteriores: desde tus pies, perfectamente alineados, hasta tu cadera, totalmente recta, y perpendicular al suelo. La espalda recta,y el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, nunca hacia atrás. Cabeza girada, mirando atentamente al objetivo. Nunca pierdes esa visión. Es lo unico que importa. Tienes el brazo deracho tenso. Sientes la presión en todos los musculos, y la sangre golpeando cada vena que surca tu brazo. Llevas la otra mano hacia tu cara, tensando la cuerda. Como una leve caricia, la colocas bajo tu mentón. Tiras un poco mas, haciendo fuerza con la espalda, nunca con los hombros. De repente, la cuerda deja de tocar tus dedos, y la flecha sale disparada hacia su objetivo; la diana. A su vez, la mano que antes la sujetaba se ha colocado lentamente sobre tu nuca.
No sabes donde ha impactado la flecha, da lo mismo.
Lo has sentido, has sentido la fuerza del arco al perder el contacto, el brazo manteniendo la posición. Lo has logrado y sientes que el orgullo te invade. Sonries.
Ninguna sensación es equiparable a la de un tiro perfecto.